La piel habla, dicen los especialistas. Y en algunos casos, la hacen hablar.

Desde eras inmemoriales, los tatuajes fueron usados para expresar algo: la identidad compartida entre los integrantes de una tribu o grupo social; una declaración de amor; el recuerdo de un momento inolvidable; el cierre de un ciclo y comienzo de otro e infinidad de otros mensajes que quedaban registrados en forma indeleble (hasta hace no demasiado tiempo) y desafiaban las décadas.

Tiempo atrás, estar tatuado era un nicho reservado a ciertos grupos o a algunas personas. En los últimos años, se masificó y popularizó a tal punto que es común ver personas con frases o creaciones artísticas en su cuerpo. Usar la piel como lienzo nunca fue tan cotidiano como ahora, lo que generó una amplia oferta de tatuadores y de lugares dedicados a tal fin. El panorama se completó con ferias, exposiciones y festivales de concurrencia numerosa en tiempos en que no había pandemia; y en programas de televisión por cable con competencias en reality show (“Ink master”, en True TV, es un ejemplo) o en los que tatuados y tatuadores cuentan experiencias de distinto tipo, tanto buenas como malas.

Es que así como hay muchos que quieren tatuarse, aumentó tambén la cantidad de quienes deciden borrar de su cuerpo ese registro que alguna vez se hicieron con la intención de llevarlo toda la vida. Sucede por diferentes motivos, ya sean laborales o personales, por necesidad o por gusto. Quizás sea condición para conseguir un trabajo; quizás el dibujo o la leyenda fue moda pasajera, no gustó cómo quedó o se quiere hacer otro tatuaje en el mismo lugar. Las rupturas afectivas y los cambios en las creencias y convicciones religiosas, políticas o sociales también forman parte de las motivaciones para remover lo tatuado, que es considerado (en definitiva) un maquillaje permanente con sentido discursivo.

Si sos una de esas personas que se cansó del tatuaje que porta, una de las opciones más tradicionales es la cobertura con otro. Pero esta decisión requiere de un artista de la piel que realmente mejore lo existente y lo cubra integralmente, lo que exige una mayor superficie tatuada.

También está la posibilidad de que desaparezca definitivamente de tu cuerpo y posibilitarte un nuevo comienzo en forma integral, tan propio para el cambio de año que se vive por estas horas. Dejar atrás definitivamente lo pasado y estar libre para lo que vendrá.

El láser

Una de las técnicas de remoción definitiva y completa es la aplicación de un láser sobre el tatuaje ahora indeseado. Con esta opción se disuelven las partículas de tinta, lo que aclara la zona de forma gradual hasta borrar por completo lo preexistente.

“En cada sesión se atacan todas las partículas del pigmento, disolviéndolas y ahí es donde nuestro organismo entra en acción para eliminarlo”, sostiene Sebastián Dip, de Inkubo Store.

TRATAMIENTO QUIRÚRGICO. Los médicos consideran a los tatuajes una lesión en la piel y pueden removerlos.

La cantidad de pigmento que se expulsa en cada sesión va a depender del organismo de cada persona. El tratamiento suele durar entre cuatro y 10 sesiones, dependiendo “de la cantidad y calidad de la tinta; se obtienen mejores resultados en tintas oscuras”, afirma la esteticista Mariana Farías.

Cada sesión se realiza cada 30 días aproximadamente. El dolor depende de la zona del cuerpo donde esté el dibujo o la leyenda y de la sensibilidad personal. Lo bueno es que no deja marcas, manchas ni cicatrices, aunque la piel puede quedar hiper o hipopigmentada (más oscura o más clara que la circundante) pero esta situación se puede tratar con cremas fácilmente.

“A veces la zona se puede inflamar o surgen ampollas. Es importante cuidarla del sol, utilizar protección solar y suspender la actividad física mientras se la recupera”, aconseja Dip.

Hay empresas y trabajos que exigen que sus empleados no tengan tatuajes para ser parte del plantel profesional. Por este motivo, por ejemplo, se recomienda el tratamiento de borrado permanente para el ingreso a las Fuerzas Armadas y a algunas áreas de seguridad.

Se puede conseguir más información en los Instagram de @inkubostore o de @marianafarias_estetica.

La cirugía

Otra alternativa es la quirúrgica, que es explicada por el doctor especialista en cirugía plástica, estética y reparadora, Rodolfo Villavicencio.

“Es una técnica mediante la cual se sacan los dibujos o las palabras por medio de una resección. Se realiza una incisión mediante la cual se busca sacar toda la lesión en la piel, y se reemplaza ese tatuaje por una cicatriz”, afirma.

Tal como señala el experto, en medicina se interpretan los tatuajes como lesiones, y así se los trata. Por este motivo, precisa, “las lesiones pequeñas se pueden sacar por medio de una sola sesión, y las más grandes requieren dos cirugías; en este caso, el tiempo entre ambas debe ser de al menos seis meses”.

“Hay algunas lesiones que son muy grandes, que tienen forma rectangular o que están en zonas donde la piel no tiene elasticidad, por lo que no puede cerrarse, así que directamente aconsejo a los pacientes que se saquen el tatuaje por medio de otra técnica no quirúrgica”, agrega.

Para el éxito de esta clase de remoción, se deben seguir todas las indicaciones dadas por el profesional, como cuidarse de la exposición al sol y usar una pantalla solar específica para evitar que las cicatrices se oscurezcan. Para más datos, se puede recurrir al Instagram @drvillavicencio.rodolfo.

(Producción periodística: Mariana Ávila).

Un signo

El mensaje que se debe decodificar

El tatuaje es un signo en la comunicación, expresa algo, le dice a la otra persona una idea en forma de palabras o imágenes. En tanto discurso semiótico no verbal, forma parte del mensaje que se transmite a través del cuerpo hacia quien lo pueda decodificar y entender.